Los fileteadores nacieron a pedido de los dueños de carros en buenos aires. Fue necesario inventar un arte de decoración sin disponer de un modelo acabado. Así como el tango se nutrió de la canción de campo, de las murgas y otras expresiones, el filete se nutrió de las rejas, las decoraciones de la arquitectura de la época, de los grafismos de los billetes. El tango se afirmó como el canto de la desdicha. En cambio, el filete se fue acercando a un arte de celebración.

El fileteador Ricardo Gómez, amante también del tango, define al filete de la siguiente manera: “Si Discépolo dijo que el tango es un pensamiento triste que se baila, el filete es un pensamiento alegre que se pinta”.

Nacido a fines del siglo XIX, fue necesario esperar el florecimiento de un estilo, para cumplir su misión. El filete y el tango, dos expresiones desestimadas en sus inicios, son las que están en primera fila para dar la imagen característica de la Argentina y Buenos Aires...”

El filete porteño, Esther Barugel – Nicolás Rubio, Editorial Maizal.

 


Imagen tomada del libro
El filete porteño,
Esther Barugel – Nicolás Rubio, Editorial Maizal.


Concurso "El abasto y el
fileteado porteño"
Fileteado de Horacio Vega


Concurso "El abasto y el
fileteado porteño"
Fileteado de M. Capiello-2004

 
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