Los
fileteadores nacieron
a pedido de los dueños
de carros en buenos
aires. Fue necesario
inventar un arte de
decoración sin
disponer de un modelo
acabado. Así
como el tango se nutrió
de la canción
de campo, de las murgas
y otras expresiones,
el filete se nutrió
de las rejas, las decoraciones
de la arquitectura de
la época, de
los grafismos de los
billetes. El tango se
afirmó como el
canto de la desdicha.
En cambio, el filete
se fue acercando a un
arte de celebración.
El fileteador Ricardo
Gómez, amante
también del tango,
define al filete de
la siguiente manera:
“Si Discépolo
dijo que el tango es
un pensamiento triste
que se baila, el filete
es un pensamiento alegre
que se pinta”.
Nacido a fines del siglo
XIX, fue necesario esperar
el florecimiento de
un estilo, para cumplir
su misión. El
filete y el tango, dos
expresiones desestimadas
en sus inicios, son
las que están
en primera fila para
dar la imagen característica
de la Argentina y Buenos
Aires...”
El filete porteño,
Esther Barugel –
Nicolás Rubio,
Editorial Maizal.